Cuenta la gente que existía. Su ubicación era cambiante. De día el lugar solía encontrarse en distintos sitios a la vez, o en todos, pero de noche era garantía encontrarlo cerca del diablo. Dicen, los que cuentan historias, que al entrar al boliche la gente perdía su persona. Escogía, sin darse cuenta, otra persona. Se era otro. Se hacían cosas que en realidad no se querían hacer, y se inundaban de sentimientos que le eran ajenos. Adquirían una especie de disfraz, el cual le correspondería para siempre cada vez que entrase en dicho lugar, y que no podría cambiar. Sólo modificar, si se deseaba. Pero esta modificación se recomendaba que fuese paulatina, porque si llegase a ser brusca, se corría el riesgo de que las personas queridas no lo reconocieran más y quedase uno completamente sólo. No está claro si tener en cuenta dicha recomendación era beneficioso o perjudicial.
Pero, para que no cundiese el pánico en los enfiestados, o para que no dieran cuenta de que habían sido extirpados de sí mismos, de sus sentimientos, pasiones, placeres y amores, o sea de su esencia, existía el Grupo Comando. El mismo era contratado por el boliche, y estaba formado por un puñado de seres inescrupulosos, que convencían a la gente común de lo que querían, hasta llegar al punto de que la gente misma creía y se auto convencía de que lo que deseaban era eso que el Grupo Comando les había inyectado en la mente y en el alma. Reprimían sus sentimientos más profundos y actuaban de una forma que no era propia de su ser, pero claro...estaban convencidos de que esto no era así.
El precio o castigo que merecía, quien era sorprendido avisando a sus semejantes que había descubierto que existía el Grupo comando, que todo lo que creían verdadero, absolutamente todo podía ser, o era efectivamente, una especie de obra teatral, era el siguiente: Un integrante del Grupo Comando se entreveraba entre sus amigos, y los convencía de poner en ridículo al que los quería delatar. Todos se reían de él y nadie le creía. O eso era de lo que estaban convencidos. También trataba de convencer al percatado de que era su amigo, cuando en realidad solo quería persuadirlo. Además, era vigilado minuciosamente para que no pudiese salir jamás del boliche. De hecho, nadie podía salir, pero la gente creía que si podía. El que realmente podía salir, era condenado. Los enfiestados no podían ver que había afuera del boliche, perdían la noción y creían que ese era el único lugar del mundo. Por lo tanto no existía nada fuera del mismo. Sin embargo había quienes preferían refugiarse en la inexistencia, saliendo voluntariamente del boliche. Pero, como la salida del lugar estaba prohibida, esto era muy difícil. La siguiente, es la historia del primero que quiso salir del lugar, según la cuentan:
Se dice que el primero que se dio cuenta de lo que sucedía, lo hizo accidentalmente, de la siguiente manera. Fue una noche, mientras estaba en el medio del baile. Esa noche estaba con un aire de angustia, su novia lo había dejado, su vida se caía en pedazos, pero sus amigos lo llevaron al boliche. Su alma entristecida no podía empaparse de la música bailable, los tragos y el alcohol, las mujerzuelas temporales, y la aglomeración de gente enfiestada. Fingió, por largo rato, alegría, pero en un momento no pudo más, y salió al patio a fumar un cigarrillo. Naturalmente fue inadvertido por los enfiestados. Entonces, vio acercarse un grupo de viejos conocidos, que estaban borrachos cantando una canción. Los borrachines lo vieron, y en su nube de alcohol, lo reconocieron y lo saludaron. Uno de ellos era un viejo amigo de la infancia al cual había estado muy apegado en tiempos anteriores. Intercambiaron vagas palabras, ciertamente por que el borracho no podía articularlas, pero el hombre triste, se percato de su mirada. A pesar de su euforia, de su estado de ebriedad, de su aparente alegría, en el instante en que cruzaron la mirada vio un gesto de amargura, una mirada triste, algo que le decía: "Hermano, yo también lo sé, pero que más da". En ese momento confirmo que sucedía lo que él ya sospechaba, y decidió salir del lugar, prefirió no existir. Pero no fue fácil. Para salir debió pasar un largo tiempo modificando su disfraz, hasta llegar a aparentar ser uno de los guardias que custodiaban la puerta de salida. Así un día le asignaron el puesto de guardián de la puerta más cercana a la calle, y salió rajando. Hoy por hoy, no se sabe si fue el primero en darse cuenta de los sucedido, pues, el borracho también ya lo sabía, por eso se cree que tranquilamente todos podrían saber la verdad, pero muy pocos serian los que se animan a ponerla en evidencia.
Algunos conocían lo que pasaba pero eran igualmente convencidos por el grupo comando, o por lo menos eso creían; y habían otros que no soportaban lo que sucedía en el local, y sentían necesidad de tomar cartas en el asunto. Se disfrazaban de distintos personajes como poetas, cantantes, músicos, y otros tantos, que eran contratados por los dueños del lugar, sin que se dieran cuenta de sus verdaderas identidades, para animar un algún tipo de show o espectáculo durante la noche. En algunos casos estos personajes lograron su objetivo, alertar a los ignorantes de lo que sucedía, y de la necesidad de que escapasen inmediatamente del boliche. Pero en la mayoría de los casos los mismos personajes eran influenciados nuevamente por el lugar, o eso les parecía, y comenzaban a tener una serie de confusiones acerca si estaban siendo o no ellos mismos. Llegaba un punto que no sabían quiénes eran, pero sabían que sabían o habían sabido lo que sucedía en el local, o por lo menos...eso pensaban. Algunos terminaban renunciando a sus tareas de alertar a los demás, otros terminaban suicidándose.
Dicen que el boliche fue cerrado, pero que sus empleados y el grupo comando siguieron trabajando en otros rubros. Hoy se pueden encontrar a esos seres inescrupulosos en cualquier aspecto de la vida: en su familia, en sus amigos, incluso su novia puede haber formado parte del grupo comando, de lo cual usted nunca podrá darse cuenta. Se debe tener mucho cuidado, e incluso se debe contemplar la posibilidad de "no existir". Se lo digo yo, que trabajé en el mismo.
FIN
Muy bueno. Lo he leido varias veces
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